Piensa en algo que te esté pesando ahora mismo.
Una situación difícil, una preocupación que vuelve, algo que no sabes cómo va a resultar. Está ahí, ocupa espacio, afecta el estado de ánimo.
Y sin embargo — y esto es lo que señala María Luisa en este encuentro — hay algo en ti que no se ha movido.
«Hay esto que es permanente en donde se mueve todo lo impermanente.»
No es una frase para consolarse. Es una invitación a investigar algo que ya está ahí.
La enseñanza en este encuentro parte de una distinción muy concreta: lo que experimenta una situación difícil, y lo que eres.
Si hay miedo, hay miedo. Eso es real. Pero:
«Yo no soy la miedosa de montarse en los aviones. Yo soy esto que se informa, que tiene esta experiencia de miedo.»
Lo que tiene miedo no es lo que eres. Eres lo que lo observa.
Y eso que observa no se ausenta. Está presente, incluso cuando el miedo ocupa todo el espacio:
«Uno siempre está presente. Uno nunca está ausente. Si tú estuvieras ausente, no te darías cuenta de las cosas que suceden.»
En algún punto del encuentro aparece la pregunta sobre la plenitud. ¿Qué es exactamente? ¿Es un estado que a veces se tiene y a veces no?
María Luisa lo aclara:
«La plenitud no es una experiencia. La plenitud es un concepto que apunta a que algo, cuando es pleno, es porque nada le falta y nada le sobra.»
No es algo que se consigue. Es lo que ya es cuando no se le añade ni quita nada.
«La esencia de ser no se ve afectada por lo que sucede, por el acontecer, por las situaciones. Es siempre esa esencia de ser.»
Lo que la vida trae — alegría, angustia, pérdida, incertidumbre — ocurre en eso que no se afecta. No lo produce. No lo altera.
Al final del encuentro aparece algo con un sabor particular: la idea del esfuerzo como señal.
«Cada vez que hay esfuerzo, implica un sentido de control que alguna entidad separada tiene. La realidad, al ser plena en sí misma, no necesita controlar nada. La cuestión es entregarse. Y esta entrega sucede o por amor o por confianza.»
No es rendirse. Es soltar el peso de quien cree que tiene que arreglar algo para que la vida funcione. Desde ahí, las cosas siguen moviéndose — pero sin ese peso.
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Resumen
En este encuentro se exploró la diferencia entre lo permanente y lo transitorio, señalando que pensamientos, emociones, circunstancias y estados mentales cambian continuamente, mientras que la realidad esencial de ser permanece inalterada. A través de ejemplos cotidianos y de la práctica de la autoindagación, se profundizó en el reconocimiento de la plenitud de ser como aquello que no es afectado por la experiencia.
También se abordó la naturaleza de los estados de vigilia, sueño y sueño profundo, mostrando cómo todos ellos aparecen en la conciencia sin modificarla. Se examinó la autoindagación como una investigación directa de la realidad, comparándola con el método científico de observación y verificación. Surgieron además reflexiones sobre las religiones, el Advaita Vedanta y las distintas vías tradicionales de aproximación a la verdad —el conocimiento, la devoción y la acción—, destacando la importancia de investigar por uno mismo aquello que permanece siempre presente.
Gracias Ma. Luisa excelente Satsang.