Resumen
A partir de la experiencia de afrontar una enfermedad grave sin el miedo y el conflicto que normalmente se esperan, se explora la aceptación como algo que puede suceder naturalmente, sin necesidad de convertirla en una actitud que la persona deba conseguir. Cuando no intervienen las ideas preconcebidas acerca de cómo debería sentirse o reaccionar, incluso una situación difícil puede ser vivida con apertura, curiosidad y ausencia de resistencia.
Se cuestiona también la tendencia de la búsqueda espiritual a postergar la plenitud: intentar estar más presente, alcanzar un estado especial o utilizar constantemente la pregunta «¿quién soy yo?» puede mantener la sensación de que todavía falta llegar a alguna parte. La conciencia ya está presente; no es necesario producirla ni intensificarla. La invitación es a vivir plenamente la experiencia que está ocurriendo ahora, sin convertir la felicidad en algo que debe acumularse o recuperarse de momentos pasados.
La sensación de que «algo falta» lleva a investigar la carencia y la imperfección. La carencia forma parte del movimiento humano: sentimos hambre, deseamos algo, buscamos resolver necesidades. El conflicto aparece cuando esa experiencia se convierte en la conclusión psicológica de que yo soy incompleto o debería llegar a ser perfecto. Muchas de estas ideas han sido reforzadas por condicionamientos familiares, culturales y religiosos. La completud del ser no depende de corregir todas las imperfecciones de la persona.
Se aborda asimismo la búsqueda de tranquilidad en un mundo en el que existen pérdidas, enfermedades, incertidumbre y amenazas reales. La comprensión no hace desaparecer esas circunstancias ni garantiza una experiencia humana protegida de todo dolor. La tranquilidad profunda no procede de conseguir que lo manifestado deje de ser incierto, sino de reconocer aquello que no está amenazado por sus cambios.
Finalmente, se reflexiona sobre el bypass espiritual y el peligro de utilizar las enseñanzas como nuevas ideas rígidas con las que protegerse de la experiencia humana. Vivir desde conceptos espirituales puede ser tan limitante como vivir desde cualquier otro sistema de creencias. La libertad no consiste en convertirse en una persona perfecta, permanentemente feliz, tranquila o «espiritual», sino en permitir que la vida sea fluida y que la expresión humana aparezca con sus fortalezas, carencias e imperfecciones, sin confundirlas con la realidad de lo que somos.