Resumen
El encuentro comienza investigando el significado de la palabra «yo» y su relación con la realidad última. El nombre y los conceptos que utilizamos para referirnos a nosotros mismos son construcciones mentales; lo importante no es cómo llamamos a la realidad, sino reconocer directamente aquello que somos. Se plantea así la diferencia entre el conocimiento de los objetos, que depende de la percepción, la memoria y los conceptos, y el saber inmediato de «yo soy», que no necesita ningún proceso para ser conocido.
A partir de una experiencia esquiando se explora también la diferencia entre momentos vividos como duales, en los que aparecen el miedo, el cálculo y la sensación de separación, y otros de completa integración con la experiencia. Se aclara, sin embargo, que dualidad y no dualidad son formas de interpretar lo vivido: la realidad sigue siendo la realidad independientemente de cómo sea percibida o conceptualizada.
La conversación profundiza en la naturaleza de la conciencia como algo que «es» pero que no «está» en ningún lugar. La experiencia humana, con sus sensaciones, pensamientos y relaciones, ocurre y es real como experiencia, pero no puede definir ni limitar completamente aquello que somos. La conciencia es inmediata e indescriptible, y el pensamiento puede señalarla pero no abarcarla.
Se aborda asimismo el deseo de «habitarse», de descansar sencillamente en el ser sin convertir la conciencia en algo separado que haya que alcanzar o localizar. El silencio y la quietud pueden facilitar ese reconocimiento, siempre que no se construya mentalmente un nuevo lugar o estado llamado «conciencia».
Finalmente, una pregunta sobre el testamento vital y el uso de morfina al final de la vida abre una reflexión sobre el cuerpo, la conciencia y la muerte. Se plantea que la medicación actúa sobre el organismo y sus sensaciones, mientras la cuestión esencial es reconocer qué es aquello que experimenta el proceso de morir.