Resumen
  • ¿Qué significa «no hay entidad»? Se aclara que sí existen entidades -el cuerpo, la persona, los objetos-, pero que aquello que se da cuenta de ellas no es, en sí mismo, una entidad ni tiene forma.
  • Identidad e identificación. Investigación etimológica de los términos «ente» e «identificación»: identificarse es creer que uno es el ente -cuerpo, nombre, historia- que se reconoce como propio, incluyendo la construcción psicológica de la persona.
  • La ilusión de la existencia independiente y la voluntad. Se cuestiona la creencia de que las personas y las cosas existen por sí mismas, y se muestra que el cuerpo funciona sin que haya una voluntad personal que lo controle.
  • ¿Piensa el cuerpo? A través de una indagación práctica se muestra que el pensamiento es abstracto, no localizable en el cuerpo, aunque sea conocido.
  • El cuerpo como experiencia, no como quien experimenta. Se argumenta que si el cuerpo, la mente y las emociones son experimentados, no pueden ser al mismo tiempo lo que define a quien los experimenta.
  • El cuerpo como el hacer del Ser. Se ofrece la imagen central del encuentro: el cuerpo, la mente y las emociones son la manifestación, el canto, del Ser, no una entidad aparte.
  • La dificultad de vivenciar esta comprensión. Se reconoce como una dificultad común, propia del paradigma materialista, y se aclara que la comprensión no se produce pensando: se revela por sí sola.
  • El método de la autoindagación. Se explica como un procedimiento de tipo científico que parte de uno mismo como punto de referencia, y se aclara que «Yo» es simplemente el nombre que se da a eso que es consciente.
  • Mapa y territorio. Se distingue entre las palabras y conceptos usados para señalar esta realidad (el mapa) y la experiencia directa de notarla (el territorio).
  • La importancia de la certeza de quien guía. Se explica por qué la certeza de un guía o apuntador sostiene la confianza necesaria para investigar sin miedo a perderse.
  • La Plenitud como naturaleza, no como estado. Se aclara que la paz de Ser no depende de que las circunstancias externas estén bien.
  • ¿Es la comprensión un logro? Se distingue entre la completud que siempre ha sido y la comprensión que la reconoce; esta última ocurre en la mente, no es una forma de «completarse».
  • ¿Tiene la existencia una razón de ser? Se cuestiona la idea de que la vida necesite un propósito o una realización para tener sentido, usando el ejemplo de un bebé que muere a los pocos días.
  • El mecanismo del ego. Se explica cómo el sentido de identidad se sostiene creyendo que tiene algo pendiente por cumplir, y cómo el reconocimiento suele mostrarse en momentos de quietud, no de esfuerzo.
  • El relato de una caída. Una participante comparte una experiencia directa de paz y ausencia de control durante un accidente, que confirma vivencialmente que el cuerpo y la historia personal no definen lo que ella es.

Casi todos hemos vivido un momento en que el cuerpo nos recordó, de golpe, que no es del todo confiable: una caída, una enfermedad, el simple paso de los años frente al espejo. En esos momentos suele aparecer la misma pregunta, aunque rara vez la formulemos así: si lo que le pasa al cuerpo cambia tanto, ¿qué es exactamente lo que soy yo?

Esta es la pregunta que atraviesa el Encuentro 527 de María Luisa Cano. No aparece formulada de una sola vez, sino que se construye a lo largo de la sesión a través de varias preguntas distintas -sobre la identidad, sobre si el cuerpo piensa, sobre el sentido de la vida, sobre una caída física-, que terminan apuntando todas a la misma comprensión: el cuerpo, la mente y las emociones no son quien uno es. Son, como ella misma lo dice, el hacer del Ser.

¿Hay entidad o no la hay?

El encuentro se abre con una duda muy concreta: se habla mucho, en los círculos de indagación, de que «no hay entidad». ¿Significa eso que no existe nada, ni siquiera la persona? María Luisa aclara primero el término: una entidad es simplemente algo que existe como cosa, separado de otras cosas. Y bajo esa definición, sí hay entidades: el cuerpo existe, la persona existe, los objetos existen. Decir que «no hay entidad» no es negar eso.

Lo que se investiga es otra cosa: si eso que se da cuenta del cuerpo -eso que percibe, que piensa, que siente- es en sí mismo una entidad más. Y la respuesta, tal como se desarrolla en el encuentro, es que no: no tiene forma, no puede localizarse en ningún sitio, no es un objeto entre los objetos. Como se dice en un momento particularmente preciso: «no es que se siente, es que es lo que siente». No hay alguien aparte, sintiendo desde fuera; lo que uno es, es lo mismo que siente, que piensa, que percibe.

El cuerpo es mi experiencia, no puede ser quien experimenta

Más adelante, la conversación se vuelve todavía más concreta. Se pregunta, casi como un experimento: ¿piensa el cuerpo? Y ante cada intento de responder desde la teoría -la electricidad, las neuronas-, María Luisa insiste en volver a la experiencia real: ¿en qué parte del cuerpo está localizado un pensamiento? La respuesta, cuando se la busca honestamente, es que en ninguna. Un pensamiento es, en sus palabras, «una elaboración abstracta de significado»: no se puede tocar, no se puede señalar dentro del cuerpo, y sin embargo se conoce.

De ahí se desprende el argumento central del encuentro. Si el cuerpo -con su mente y sus emociones- es experimentado, entonces no puede ser al mismo tiempo quien experimenta. «¿En qué me puedo afirmar para decir que yo soy el cuerpo, cuando resulta que el cuerpo es mi experiencia?», pregunta María Luisa. No es una afirmación abstracta: es una observación que cualquiera puede verificar en su propia experiencia, sin necesidad de creer nada.

El cuerpo, el hacer del Ser

La imagen que ofrece el encuentro para nombrar esta relación es sencilla y, a la vez, poco habitual en el lenguaje espiritual corriente: el cuerpo, la mente y las emociones son «el hacer del Ser». El Ser es lo que es; el cuerpo es cómo eso que es se mueve, se expresa, se manifiesta. «Así como un pájaro canta su canto, el Ser canta el canto de lo humano», dice María Luisa. La experiencia humana -con su cuerpo, su historia, sus emociones- no es un estorbo ni un error que haya que trascender: es la manera en que el Ser se expresa. Por eso, insiste, no se trata de separar el cuerpo de lo que uno es, sino de dejar de confundirlos.

De la comprensión mental a la experiencia directa

Uno de los participantes formula con honestidad una dificultad muy común: entender conceptualmente que «soy conciencia y no esta entidad» no es lo mismo que vivirlo. María Luisa no minimiza esa dificultad -la atribuye a un aprendizaje materialista muy arraigado desde la infancia- y ofrece una clave importante: esta comprensión no se produce pensando, no se puede comprar ni se puede entregar; se revela por sí sola. Lo único que cabe hacer es cuestionar lo que se da por sentado y dejar espacio para que la realidad se muestre.

Para explicar la diferencia entre pensar sobre esto y notarlo directamente, recurre a una imagen que atraviesa el resto del encuentro: las palabras -Ser, Conciencia, Plenitud- son un mapa; la experiencia directa es el territorio. El mapa cumple su función cuando invita a recorrer el territorio con confianza, no cuando se lo confunde con la realidad misma.

Cuando el control desaparece, algo permanece

Hacia el final del encuentro, una participante relata una caída física reciente. Mientras el cuerpo tomaba impulso hacia adelante, sin que ella pudiera controlarlo, notó -dice- «algo en mí que estaba estático, que no se movía», y que además estaba en una profunda paz, ajena a lo que le iba a pasar al cuerpo. Solo después llegó el dolor, la necesidad de curarse las heridas.

María Luisa reconoce en ese relato la misma comprensión que atraviesa todo el encuentro, mostrada ahora sin ningún esfuerzo ni búsqueda: cuando algo escapa por completo al control, la mente se rinde y se hace evidente que lo que le pasa al cuerpo no define lo que uno es. «Ya está. No eres tu historia. Punto», le dice, sin que eso signifique dejar de cuidar el cuerpo o de vivir la propia vida.

Una investigación, no una creencia

Nada de lo dicho aquí pide ser creído. El propio encuentro insiste en que la comprensión no se adquiere pensando ni repitiendo una idea: se revela cuando se investiga con la propia experiencia como punto de referencia. Quien quiera profundizar en cómo se desarrolla esta indagación -con sus preguntas, sus silencios y sus matices- puede escuchar el Encuentro 527 completo, donde María Luisa Cano acompaña, paso a paso, esta pregunta tan simple como radical: si no soy lo que le pasa a mi cuerpo, ¿qué soy?

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