Quizás has tenido la experiencia de «perder» la presencia.

Un momento de claridad que de repente se fue. Una práctica que «funcionaba» y que ya no funciona igual. La sensación de que antes veías algo con nitidez, y ahora ese algo se ha enturbiado.

Y con esa sensación viene una pregunta: ¿dónde fue?


La respuesta de María Luisa parte de un punto que parece obvio pero no lo es: la conciencia no se va. No puede irse. Lo que cambia son los contenidos que aparecen en ella.

«La conciencia nunca deja de estar presente.»

La ventana puede estar sucia — llena de pensamientos, de agitación. Pero la luz que pasa a través de ella no se detiene por eso.

«La ventana sucia no impide que la luz esté. La conciencia siempre está presente, independientemente de lo que aparezca.»


En este encuentro se trabaja también con una sutileza que muchos meditadores conocen bien: la confusión entre la conciencia y el «observador».

En la práctica meditativa es común llegar a una posición de testigo: «yo observo mis pensamientos». Pero María Luisa señala que esa posición mantiene una separación sutil.

«No hay observador separado de lo observado. Solo hay observación, y esa observación eres tú.»

«Cuando buscas al que observa, no lo encuentras. Porque tú eres la observación misma.»

No hay un observador detrás de la experiencia. Hay experiencia. Y eso que hay es lo que eres.


También aparece algo sobre la memoria y el tiempo. Un participante pregunta si «eso que siempre está» puede recordarse como algo del pasado. María Luisa desmonta la pregunta:

«La memoria es un proceso de la conciencia. Y solo está en el presente.»

No puedes recordar ayer. Puedes recordar ahora, y el contenido de ese recuerdo apunta a algo que llamas «ayer». La conciencia no está en el pasado ni en el futuro. Siempre es ahora.


Explora la biblioteca completa →
Más de 500 encuentros con María Luisa, organizados por tema. Acceso con membresía.

Quizás has tenido la experiencia de «perder» la presencia.

Un momento de claridad que de repente se fue. Una práctica que «funcionaba» y que ya no funciona igual. La sensación de que antes veías algo con nitidez, y ahora ese algo se ha enturbiado.

Y con esa sensación viene una pregunta: ¿dónde fue?


La respuesta de María Luisa parte de un punto que parece obvio pero no lo es: la conciencia no se va. No puede irse. Lo que cambia son los contenidos que aparecen en ella.

«La conciencia nunca deja de estar presente.»

La ventana puede estar sucia — llena de pensamientos, de agitación. Pero la luz que pasa a través de ella no se detiene por eso.

«La ventana sucia no impide que la luz esté. La conciencia siempre está presente, independientemente de lo que aparezca.»


En este encuentro se trabaja también con una sutileza que muchos meditadores conocen bien: la confusión entre la conciencia y el «observador».

En la práctica meditativa es común llegar a una posición de testigo: «yo observo mis pensamientos». Pero María Luisa señala que esa posición mantiene una separación sutil.

«No hay observador separado de lo observado. Solo hay observación, y esa observación eres tú.»

«Cuando buscas al que observa, no lo encuentras. Porque tú eres la observación misma.»

No hay un observador detrás de la experiencia. Hay experiencia. Y eso que hay es lo que eres.


También aparece algo sobre la memoria y el tiempo. Un participante pregunta si «eso que siempre está» puede recordarse como algo del pasado. María Luisa desmonta la pregunta:

«La memoria es un proceso de la conciencia. Y solo está en el presente.»

No puedes recordar ayer. Puedes recordar ahora, y el contenido de ese recuerdo apunta a algo que llamas «ayer». La conciencia no está en el pasado ni en el futuro. Siempre es ahora.


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Resumen

En este encuentro, María Luisa orienta la investigación hacia el reconocimiento de que la conciencia es siempre presente y que no existe un observador separado de lo observado. La realidad fundamental permanece inalterada, independientemente de los pensamientos, emociones o experiencias que aparezcan.

A lo largo del diálogo, se profundiza en la naturaleza de la identidad, señalando que los pensamientos sobre quién se es forman parte de la experiencia, pero no definen la realidad. La conciencia no pertenece al pasado ni al futuro; únicamente el pensamiento se mueve entre recuerdos y expectativas.

Se explora también el sufrimiento psicológico, mostrando cómo surge cuando la atención queda atrapada en patrones mentales y emocionales. La comprensión permite reconocer estos movimientos sin quedar identificado con ellos, abriendo un espacio de mayor libertad interior.

Asimismo, se aborda la diferencia entre aceptación y resignación. Aceptar no significa pasividad, sino reconocer la realidad tal como es, incluyendo las propias acciones y posibilidades de respuesta. Desde ahí surge una libertad más creativa y menos condicionada.

Hacia el final, se enfatiza que la meditación no consiste en alcanzar estados especiales, sino en reposar la atención en la base del ser, permitiendo que pensamientos, emociones y experiencias aparezcan sin perder de vista la presencia que los sostiene.

💬 Me encantará leer tus reflexiones o preguntas sobre este tema. Tu aporte enriquece este espacio y puede inspirar a otros.

No Dualidad y Conciencia
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