Resumen
En este encuentro, María Luisa guía la indagación hacia el reconocimiento de que la realidad no necesita ser completada por la experiencia. Se señala que el malestar no proviene de lo que aparece, sino de la identificación con ello.
A lo largo del diálogo, se aclara que no se trata de sostener una actitud de desapego ni de alcanzar un estado particular, sino de comprender que la paz no depende de las circunstancias. La naturaleza esencial no cambia con la experiencia, y nada de lo que ocurre puede añadir o quitar algo a lo que ya es.
Se profundiza también en que la comprensión no le ocurre a un alguien, sino que es el cese de la confusión. Cuando algo es visto con claridad, la búsqueda pierde fuerza de manera natural.
Hacia el final, se enfatiza la importancia de la perseverancia en la indagación, no como esfuerzo por lograr algo, sino como disposición a ver sin apoyarse en conclusiones. La invitación es a reconocer que la plenitud no es un resultado, sino lo que ya es.