“Has visto un rayo en tu vida, en esta selva de lo cotidiano. Crees ver y, quizás, es solo un espejo, como la mente, que refleja lo que está en tu corazón. Por allí se entra a lo hondo de tus ojos, por la región profunda del Ser, y el silencio intenso surge solo. ¿Quién es quién? Solo el rocío te habla. Nubes y viento cruzan el cielo, y buscan lo que siempre es. La noche se extiende en lo externo, y las sombras cubren los espacios cerrando los labios a lo planificado.”

Existe una periodicidad en la que las estaciones se van sucediendo una a una. La regeneración se da después del ciclo del invierno. No es que la naturaleza se haya replegado, o dormido, sino que todo se apresta a ser renovado. Aunque parecía que se había eliminado tras una especie de decadencia durante el otoño, ella continúa subsistiendo. Solo que lo que ya no es útil pertenece a un pasado caduco. Los árboles se desprendieron de sus frutos, de sus hojas, de sus viejas ramas, y los dejaron caer al suelo, para que, sobre los restos de la experiencia pasada, resurjan con nueva fuerza en la llamada de la primavera.

Para algunas personas la vida no es sino una constante repetición prolongada, muy circular. La mente se comporta como un círculo, y se mueve. Si observas, vas tomando conciencia de las vueltas de la mente. Una y otra vez trae las mismas emociones, la misma cólera, el mismo odio, la misma codicia, el mismo ego, y siguen estando expuestas a la estructura diseñada que las sumerge en pensamientos reiterativos y circulares.

Hay muchos que confunden “no pensamiento” con “no ego”. Los que practican métodos de meditación observan que la mente queda quieta, en ese punto parece no haber pensamientos, pero de hecho los hay, la persona continúa firmemente con un solo pensamiento. La mente no se mueve, el acto de pensar no se realiza. Esto recibe distintos nombres de acuerdo a la tradición que se siga. No supongas que por sentir esta experiencia se es un iluminado, o, para decirlo de otra forma, darse cuenta de ese estado no significa necesariamente estar en comprensión. Tan solo se ha abandonado por unos instantes la circularidad de la mente, y se ha detectado la armonía que se filtra por la estructura condicionada.
Por instantes, la idea del yo desaparece, el ego se sumerge en el fondo de la conciencia, los pensamientos continúan moviéndose en el cielo de la mente, como nubes que pasan y se desplazan. Puede funcionar la construcción de ideas coherentes, el razonar y el realizar juicios. La diferencia está en que las funciones mentales no se le atribuyen al ego centralizado en la identidad.

La verdad es una, podemos acercarnos a ella de muchas maneras y podemos expresarla de muchos modos. Las nubes van cruzando el cielo aceptado de la identidad, haciendo lo mismo una vez, y otra, y otra. Ahora, siguiendo la exposición inicial sobre los ciclos de la naturaleza, es la época para resurgir con más brío, eliminando de sí todo cuanto ya no es válido. Al igual que los árboles sueltan las hojas muertas, se dejan ir pesadumbres, deudas, enfados, etc., -cargas estériles todas ellas-, y se transforman en cenizas. Haz desaparecer todo cuanto es banal y transitorio. La naturaleza de la vida aparenta sufrimiento, cuando lo real es que eres Ser puro e infinito, el sí mismo absoluto, nada más que sí mismo. R.Malak

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